Desde mediados del decenio de 1980 se inició un movimiento cultural y educativo en América Latina que fijó en la enseñanza de la historia su centro de atención y que abarcó un espectro amplio de cuestiones: los contenidos de la enseñanza, los métodos de transmisión del conocimiento histórico, la formación de los maestros y la elaboración de textos. El Convenio Andrés Bello, consciente de su importancia, sobre todo por su influencia en los temas de integración, desde hace más de 15 años se vinculó al proyecto de reflexión sobre los programas y los textos de historia en los países asociados a su organización.